Un corzo se acerca hasta los pies de un cazador sin descubrir su presencia

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Este joven ejemplar de corzo no descubrió la figura del cazador hasta que estaba a un metro de sus botas. Des.e luego se lleva un susto de muerte.

Por Carlos Vignau

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¿Recuerdas aquel refrán que decía que la curiosidad mató al gato? Pues a este joven ejemplar de corzo macho está a punto de sucederle lo mismo. Aunque más que la curiosidad, su problema es la ceguera.

En las imágenes ves como un cazador, apostado en el borde de un monte con un rastrojo está filmando a un corzo. Este no para de acercarse y la distancia cada vez es menor pero el animal sigue sin descubrir al sigiloso cazador.

Cuando está a tan sólo un metro de sus botas, algo le llama la atención y frena su carrera para inmediatamente después salir a la carrera con el ritmo cardiaco por las nubes… Seguro que esto no pasa cuando el corzo es algo más grande.

Este es el divertido vídeo:

¿Eres capaz de descubrir la edad de un corzo en el campo?

Este es uno de los quebraderos de cabeza que sienten todos los cazadores cada vz que consiguen meter en su visor a un macho de corzo. ¿Estoy haciendo lo correcto? ¿Tiene la edad suficiente para ser cazado? ¿Estaré cortando la progresión de un animal que va a más? Todas estas preguntas se repiten una y otra vez y la respuesta no es sencilla. Vamos con nuna seríe de tips a ver si te ayudan en tu próxima incursión en el monte.

Los machos jóvenes suelen ser más juguetones. Observa sus desplazamientos y su forma de andar y relacionarse con otros corzos. Un ejemplar maduro no suele tolerar la presencia de ‘rivales’, le gusta ser un lobo solitario. Su aspecto físico también es un indicio fiable: el grosor del cuello es mayor y más robusto en los de más edad. Como norma general, descarta los ejemplares de cuello delgado: si presenta un cuello más propio de un venado ten la seguridad de que estás ante un ejemplar maduro.

Las bases de su trofeo son otra parte que nos puede decir mucho de la edad de un corzo. Fíjate en la posición de sus rosetas: en los machos adultos se aprecia como, año a año, la roseta se va inclinando hacia el lado del ojo, mientras que en los corzos jóvenes permanecen en una posición mucho más elevada en la frente del animal.

Otro dato que puedes tener en cuenta a la hora de valorar la edad de un corzo es el tono de su ladrido, aunque este consejo es para cazadores de oído fino. Escuchar una voz grave no es una ciencia exacta. Hay quienes tienen un oído admirable, educado para diferenciar entre el ladrido de un ejemplar joven del de otro ya no tanto. Si es tu caso, ¡enhorabuena!

Desconfía de aquellos machos que, portando un buen trofeo, se dejan ver paciendo tranquilamente en los medios de una esparceta sin tomar apenas precauciones. Un corzo adulto lo es por cauto y precavido: intentará reducir al máximo sus ‘apariciones públicas’. En cambio, si localizas un corzo de esos que se deja ver de ‘Pascuas a Ramos’, hazle una esperita porque seguro que merecerá la pena.