Un corpulento jabalí ataca a un cazador y este dispara justo antes de ser arrollado

jabalí

Este es un claro ejemplo de que la caza del jabalí puede ser más extrema de lo que pensamos. Los reflejos del cazador le sacaron de un apuro que pudo acabar en tragedia.

Cuando un jabalí decide atacar pocas cosas en esta vida son capaces de detenerle. Son animales fuertes, potentes y, lo que es más importante, no suelen tener miedo ante nada. Maquinas perfectas que si se sienten acorralados o en peligro no dudan en hacer frente de forma violenta.

Un ejemplo claro de todo lo que acabas de leer es el siguiente vídeo, subido en el canal de YouTube de Okay Şahin. Filmado en una de esas peculiares cacerías de jabalí en Turquía, donde los cochinos suelen alcanzar dimensiones de auténtico infarto, vemos como un cazador espera a la salida de un cultivo.

Los perros parecen haber levantado algún jabalí en su interior. De pronto, un buen cochino irrumpe en el camino donde aguarda el cazador, corriendo en su dirección.

La distancia que les separa es minúscula y el cazador tiene que disparar dos veces mientras intenta sortear la embestida del animal.

Aquí tienes las imágenes.

Caza un buen jabalí en un lance soñado por todos

La emoción que provoca la entrada inesperada de un descomunal jabalí en un puesto de montería o batida no tienen comparación con nada. En el siguiente vídeo vas a ver la representación más terrenal del sueño de muchos cazadores.

Un cazador espera en su puesto de batida. Una torreta de madera en medio de un bosque otoñal. Mientras el cámara centra su atención en filmar planos del cazador, comienzan a escucharse pasos entre la hojarasca. Son muy leves pero gracias a los auriculares que porta el hombre, suficientes para revelar la posición del cochino.

Un enorme cochino entra despacio. Se detiene y trata de localizar algún peligro, ya sea a través de su poderoso hocico o identificando algún ruido. El macho parece confiarse y reanuda la marcha. No corre pero tampoco va despacio. Se mueve de derecha a izquierda al trote.

El cazador alza su arma y le sigue pacientemente con su visor de punto rojo. Tiene que esperar el momento adecuado para apretar el gatillo: si se precipita puede que la bala se estampe con uno de los cientos de árboles que hay allí.

En una de las ventanas que la naturaleza le ofrece, el proyectil vuela preciso hasta penetrar en el codillo del jabalí, que cae desplomado.

Un lance único, que el cazador recordará siempre: