En las imágenes vemos como una gran piara de jabalíes se pasea de jardín en jardín en este barrio de Berlín. La policía cortó la calle para que pudieran salir sin causar accidentes.

Por Carlos Vignau

piara de jabalíes

Las imágenes de jabalíes, ciervos y otros animales salvajes correteando por las ciudades y nucleos urbanos de medio mundo se están convirtiendo en escenas habituales durante el confinamiento de la población.

En este vídeo vemos como una enorme piara de jabalíes cruza una calle en un barrio residencial a las afueras de Berlín, Alemania.

El grupo familiar es gigantesco. Los primeros en salir corriendo son los más pequeños. Una docena de rayones abren la manada, seguidos de 15 cochinos de más edad.

En el vídeo se puede observar como un coche de la policía germana corta la calle para evitar que pasen coches y ayudar a la piara de cochinos a regresar al bosque.

Imágenes como estas continuan poniendo de manifiesto la importancia de la caza como herramienta de control poblacional.

Berlín, capital de los cochinos

Así bautizaron los medios a la capital alemana. Provocan accidentes de carretera, arrasan jardines y merodean por algunos barrios al caer la noche. Nunca antes los jabalíes se habían sentido tan cómodos en Berlín, Alemania, donde han llegado para quedarse.

«Mucha gente me dice: allá donde voy, veo jabalíes», cuenta Derk Ehlert, portavoz del ayuntamiento de Berlín y gran especialista en fauna salvaje.

Sin embargo, nada indica que su número -pese a ser importante- haya aumentado fuertemente en los últimos años: se estima que hay en torno a 3.000, con picos que alcanzarían los 8.000, según él. No existe un censo exacto.

En cambio, su comportamiento «ha evolucionado enormemente», afirma.

«Ya no son tan miedosos, a veces incluso se los ve durante el día», mientras que normalmente prefieren las salidas nocturnas. «Se acercan a los humanos, se dejan ver en los parques», explica.

‘Sensación desagradable’

La ciudad, a la que los medios han apodado «capital de los jabalíes», siempre ha sido un refugio para toda suerte de animales salvajes, desde piaras de jabalí hasta los zorros, de los que hay unos 1.400, hasta las comadrejas que roen los cables de los motores de los coches o los mapaches que saquean cubos de basura.

Los bosques cubren un 20% del territorio berlinés. Y los numerosos ejes verdes instalados en el siglo XIX para airear la ciudad en plena revolución industrial facilitan la llegada de animales salvajes, que además suelen alimentarse en los numerosos huertos familiares.

El monocultivo de maíz en la periferia, muy codiciado por los jabalíes y la baja incidencia de la caza -que no empezó hasta 1992, tras la reunificación- fomentan su proliferiación, así como el hecho de que no tienen ningún predador natural. Además, los inviernos más suaves de los últimos años han dejado menos muertos entre los jabalíes.

Los sucesos relacionados con estos animales son cada vez más frecuentes, desde los accidentes de carretera a los perros atacados, pasando por un tren de gran velocidad detenido tras chocar contra una manada en las afueras.

Provocan accidentes de carretera, arrasan jardines y merodean por algunos barrios al caer la noche. Nunca antes los cochinos se habían sentido tan cómodos en Berlín, Alemania, donde han llegado para quedarse.

«Mucha gente me dice: allá donde voy, veo jabalíes», cuenta Derk Ehlert, portavoz del ayuntamiento de Berlín y gran especialista en fauna salvaje.

Sin embargo, nada indica que su número -pese a ser importante- haya aumentado fuertemente en los últimos años: se estima que hay en torno a 3.000, con picos que alcanzarían los 8.000, según él. No existe un censo exacto.En cambio, su comportamiento «ha evolucionado enormemente», afirma.

«Los cochinos ya no son tan miedosos, a veces incluso se los ve durante el día», mientras que normalmente prefieren las salidas nocturnas. «Se acercan a los humanos, se dejan ver en los parques», explica.

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