Prepara a tu perro de caza para la media veda. ¿A qué estás esperando?

perros de caza

Lejos queda enero, cuando seguíamos a las perdices sin que nuestro perro de caza acusara el cansancio. En agosto su nivel físico será mucho más bajo si no hemos llevado a cabo un plan de entrenamiento.

Por Redacción Cosas de Caza y Pesca

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Sin una planificación de trabajo, la primera jornada veraniega de tu perro de caza tras las codornices se resumirá en carreras alocadas durante las primeras horas, atropellando la caza en lugar de cazando.

Después de desfogarse llegará el bajón, se pondrá detrás de nosotros y no será capaz de recuperarse. El fuerte calor los desfondará y a media mañana no le quedarán fuerzas para seguir buscando. Si además no hemos tomado las debidas precauciones con el cuidado de su almohadillas éstas se pueden agrietar, impidiendo a tu perro de caza salir al campo unos cuantos días.

La cuestión es: ¿cómo y dónde podemos entrenarlo si nuestro coto no dispone de zona de adiestramiento? En el campo está prohibido llevarlos sueltos o descontrolados, ya que se corre el riesgo de que, por descuido nuestro o desobediencia suya, acabe con los pollos de perdiz y codorniz que ya han salido del cascarón.

La solución perfecta son los cotos intensivos, incluso si nuestra intención es iniciar a un cachorro en la caza. En ellos podremos realizar un entrenamiento a fondo y trabajar la muestra, el cobro y su reacción ante los tiros.

Cotos intensivos para entrenar a tu perro de caza

Lo primero será practicar la búsqueda. Empieza guiándole para que realice un laceo perpendicular a tu avance. Si el intensivo dispone de linderos habrás soltado antes varias piezas en ellos para que se acostumbre a buscar en estas zonas –donde se refugia la caza salvaje–. Si localizas una antes él, date la vuelta y busca otra para que ésta tenga tiempo de buscar cobijo. No le quites ojo: cuando se quede de muestra acude rápido a él, reforzándola con la orden ‘quieto’ al tiempo que le acariciamos para que aguante sin que se lance a coger su presa.

EL segundo paso será el respeto al vuelo. Si hablamos de caza sembrada, tu perro de caza puede llegar a coger la pieza o volverla a levantar al posarse tras un vuelo corto. Si no la para, no tires: déjala marchar fijándote en dónde se posa para buscarla más tarde. No lo hagas enseguida: permite que descanse para que nos pueda volver a ofrecer otro vuelo de garantías. Además, dejará rastros que después podrá encontrar tu compañero. Actuando así entenderá que sólo dispararemos si hay muestra, premiándole con caricias y refuerzos cuando lo haga bien.

En último lugar, debes entrenar el cobro. En esta faceta tu perro de caza debe llegar al intensivo ‘enseñado’ de casa, pues habrás podido trabajarla con él desde que es un cachorro con ayuda de un aport, un calcetín enrollado… Cualquier sitio es bueno: tu casa, el jardín, el parque… Al abatir la primera pieza debes poner en juego tu paciencia para dejar que la emboque bien y te la traiga. Emplea todo el tiempo necesario para que lo haga bien y no tengas ninguna prisa en ir en búsqueda de otra pieza: no debes olvidar que estáis aquí con un único objetivo: entrenar.