Si durante la temporada no has encontrado perdices en tu coto de caza, haz un repaso a los posibles motivos que te mostramos y toma nota para solucionarlo.

Por Edu Pompa (www.forestcaza.com)

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Si quieres más perdices en tu coto, toma nota. / Shutterstock.

¿Las perdices tienen agua y comida?

La disponibilidad de agua es vital tanto para las perdices adultas como para los pollos, y más aún si se trata de un medio cultivado donde la vegetación es normalmente escasa. Para evitarles desplazamientos innecesarios deben contar con puntos donde el agua y el alimento les sea fácilmente accesible. O lo que es lo mismo, que dispongas de bebederos para la caza menor.

¿Han fumigado los linderos?

Estos lugares son auténticos reservorios de insectos a los que los pollos acuden en sus primeras semanas de vida para alimentarse. Por tanto, cuando se fumigan ampliamente los campos, incluidas las lindes, estamos acabando con su alimento, aumentado sus íncides de mortalidad. Los perdigones saldrán en busca de comida –hormigas, saltamontes…–, lo que les convertirá en presa fácil de los predadores. Por tanto, toma nota para la próxima ocasión y preocúpate por el mantenimiento de linderos sin tratar o fumigar, ya que su diversidad de flora y fauna permitirá que nuestras perdices sobrevivan en sus primeras etapas de vida. 

Una cuestión de altura

Aunque podemos encontrar perdices rojas hasta altitudes cercanas a los 1.500 metros, lo normal es que escaseen bastante antes. Conforme ganamos altura las condiciones ambientales asociadas a este tipo de biotopos hacen cada vez más difícil su cría. Suelen ser cotos de caza de sierra que albergan especies de caza mayor como el jabalí, que realiza una importante presión sobre sus nidos, y disponen, además de menos oferta de alimento que en aquellos con siembras y un clima más favorable.

Las mejores fincas son aquellas en las que, cada pocas hectáreas, se alternan cultivos con otras parcelas en barbecho, rastrojos, eriales, zonas improductivas, arroyos con vegetación asociada y pequeños bosquetes. La perdiz requiere diversidad de hábitat o lo que comúnmente se conoce como ‘cotos mosaico’. 

¿Tienen refugio tus perdices?

En la llanura castellana es habitual que alguna nube veraniega deje a su paso unas importantes granizadas. En esos páramos debemos instalar pequeñas ‘cabañas’ fabricadas con ramas o palés para que nuestras patirrojas puedan cobijarse, ya que estos ‘proyectiles’ de hielo suelen provocar importantes bajas entre los perdigones. Coloca uno de estos refugios cada cuatro o cinco hectáreas, siempre en zonas querenciosas donde hayamos localizado los bandos –cerca de bebederos o comederos, en las lindes de cultivos, junto a rastrojos y barbechos…–. Para fabricarlos utiliza dos palés, apoyando uno sobre otro a modo de tejado a dos aguas y uniéndolos con ayuda de alambre. Rellena los huecos que queden entre las tablas de madera con ramas entrelazadas. La idea es que sea lo menos permeable posible. Las retamas, jaras, estepas y escobas suelen ser muy útiles. Por último, afianza la base colocando tierra a su alrededor para evitar que el viento los pueda tumbar. 

¿Hay jabalí en tu coto?

Si en tus terrenos hay mucho cochino difícilmente llegarás a tener una buena población de patirrojas. Hablamos de un animal omnívoro que se alimenta tanto de vegetales como de animales e incluso carroña, y los huevos de perdiz son su perdición. Tan sólo tienes que fijarte que en los grandes cotos perdiceros afamados por sus ojeos, el jabalí se le caza hasta agotar los cupos. Todo lo que se puede. Por su elevada tasa de natalidad, si no lo controlas será él quien se encarge de ‘gestionar’ tu población de perdices perjudicando su cría. 

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Si tu coto tiene mucho jabalí, la perdiz está en peligro. / Shutterstock.

¿Controlas los predadores?

Es un un modo más de asegurar el mantenimiento de unas poblaciones estables de perdiz roja en tu coto. Eso sí, la autorización dependerá de la comunidad autónoma en cuestión. Los más comunes son cajas trampa, lazos con freno, batidas, esperas y caza a la chilla o con perros de madriguera. Si tu coto no cuenta en su plan técnico con modalidades autorizadas de control de predadores deberás solicitar el correspondiente permiso especial.

¿Has soltado perdices de granja?

Es otro de los problemas graves a los que se enfrenta nuestra perdiz roja. Cuando su densidad disminuye y queremos a toda costa seguir colgándonos cada domingo la misma percha, muchos recurren a lo fácil: soltar ejemplares de granja. Yo he podido cazar en varios cotos donde se ha repoblado de esta manera y, por mucho que digan, su comportamiento no es el mismo que el de las salvajes. Eso sin olvidar el tema de la pureza genética. Si en tu coto ha disminuido la densidad de patirrojas pon en marcha todas las actuaciones posibles para mantener o incluso aumentar las que quedan, y opta por este tipo de repoblaciones cuando las autóctonas hayan desaparecido… si no quieres tener gallinas, claro.

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