Batidas

Dos manadas de lobos criadas en semilibertad, una clínica veterinaria especializada y un centro de interpretación conforman el Centro del Lobo Ibérico de Castilla y León, unas instalaciones que en los primeros veinte meses que ha permanecido abierto al público han visitado 51.000 turistas.


16 de Agosto de 2017

El centro, que pretende concienciar sobre la función de este animal como regulador de los ecosistemas, se ubica en Robledo, un anejo de Puebla de Sanabria (Zamora) situado en el límite de la reserva de caza de la Sierra de la Culebra, que tiene la mayor densidad de la especie de Europa.

Allí, en el entorno de la Reserva de la Biosfera Meseta Ibérica, existe un centro que alberga ejemplares de “canis lupus signatus” y a la vez desmonta mitos y conciencia sobre el papel medioambiental de este animal.

“Queremos que entiendan que no es una alimaña, que se conozca y respete la especie”, ha explicado a Efe el técnico del centro Manuel Requejo, que ha subrayado la labor “vital” del lobo ibérico a la hora de mantener los ecosistemas.

Sobre los ataques al ganado, desde el centro han subrayado que no se dan en zonas acostumbradas a convivir históricamente con el lobo y prueba de ello es una explotación de ovino cercana al centro que con 1.500 ovejas nunca ha sufrido ataques pese a que hay varias manadas de lobos que viven en el entorno.

Ello es posible porque el ganadero ha invertido en prevención y cuenta con trece perros mastines que protegen al ganado, lo que demuestra que “si hay medidas preventivas se minimizan los ataques”, ha señalado Manuel Requejo.

Aún así, el lobo siempre ha gozado de cierta mala fama y algo de misticismo, lo que queda reflejado en el cuento de Caperucita Roja y en numerosas leyendas rescatadas de la tradición oral.

Frente a ello, este centro divulga su papel en la naturaleza como animal depredador y carroñero, que resulta fundamental al evitar superpoblaciones de herbívoros o de zorros.

Pero el principal atractivo para los visitantes es poder observar a los lobos cuando se les da de comer dos veces al día, algo que también es posible ver en agosto, pese a que a los lobos las altas temperaturas del verano no les sientan bien.

Cada ejemplar come un kilo y medio al día de carne de pollo y de cadáveres de conejos, ciervos o jabalíes que son encontrados muertos por celadores y agentes forestales en campo abierto.

En la alimentación existen unas reglas y la comida siempre se les da en trozos pequeños, a veces escondida para estimular su olfato y en ningún caso se les pueden facilitar animales vivos.

Noticia publicada en eldiario.es

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