La caza de la perdiz roja con reclamo: una batalla natural cargada de arte y tradición

perdiz
Un reclamo de perdiz en acción. / JDG.

Así es esta espectacular modalidad de caza de perdiz. Una oportunidad excelente para seleccionar el pájaro que quieres quitar.

El reclamo forma parte de nuestra historia. Existe antes que las armas, y escritos como la fábula de Esopo El pajarero y la perdiz permiten datar esta modalidad en el siglo VI antes de Cristo. Aristóteles, 200 años después, también hace referencia a ella en Investigación sobre animales.

Por tanto, no puede discutirse que forme parte de nuestra tradición como tampoco que se trata de una modalidad selectiva por antonomasia, como los recechos o las esperas, que no sólo exige conocer muy bien su esencia y tradición –el buen pajarero piensa y vive todo el año para este tipo de caza, desde que comienza a criar y educar a su pollo hasta que por fin puede salir al campo con él–, también mucha paciencia y templanza a la hora de apretar el gatillo.

Una modalidad de caza única

Aquí no prima el número sino todo lo contrario. Disfrutar del campo, donde los protagonistas son los machos que, en buena lid, luchan entre ellos. Su utilidad como herramienta de gestión es por tanto uno de los aspectos que justifican su práctica: las poblaciones de perdices se distinguen por contar con un mayor número de machos que de hembras, las parejas son fieles durante toda su vida y a la hora de formarse las nuevas siempre sobran pretendientes que no dejan de incordiarlas e incluso de molestar durante la fase de incubación. 

¿Qué perdiz debo cazar?

El reclamo, como caza selectiva, nos posibilita a elegir a qué tirar. Es muy importante hacerlo primero a la hembra y después al macho. Si lo hacemos al revés dejaremos en el campo una complicada viuda que difícilmente entrará en plaza en lo que resta de temporada.

Dejar a las hembras criar es un error, ya que las patirrojas sacan sus pollos adelante valiéndose tanto del padre como de la madre, y si los dejamos sin la figura paterna reduciremos al mínimo las probabilidades de supervivencia. Por otro lado, si no seguimos esta rutina y alternamos el orden de forma aleatoria provocaremos el desconcierto de nuestro siempre delicado pájaro, confundiéndole y echándolo a perder.