furtivo cazorla
Justo Cuadros Vilar

Justo Cuadros Vilar fue un furtivo de la sierra de Cazorla a mediados del pasado siglo. Descendiente de la estirpe de ‘los matamachos’, circunstancias lo llevaron a ser nombrado guarda mayor del Coto Nacional de Cazorla


Redacción Cosas de Caza y Pesca

Varios libros, así como periódicos antiguos o registros recogen la historia de Justo. Incluso en la Sierra de Cazorla, la memoria popular todavía lo recuerda. Pero quizás, la obra literaria que más palabras ha dedicado a este tipo legendario ha sido ‘Narraciones de caza mayor en la Sierra de Cazorla’ de Juan Luis González-Ripoll.

Ya en su prólogo remarca «que la expresión furtivo tiene un significado delictivo muy distinto del que pudiera tener en los tiempos en que la sierra puede decirse que pertenecía a los que vivían en ella, y ponían cepos a los turones o cazaban machos monteses. Del mismo modo cogían espárragos o salían a buscar setas».

El libro recoge anécdotas y relatos de tres protagonistas, sin embargo ‘el furtivo’ ocupa más de la mitad de la obra. Todas las narraciones están ordenadas cronológicamente, y se puede ver la transición de furtivo a guarda mayor.

Dinastía de furtivos

Justo nació en 1910, en Los Collados de la sierra de Cazorla. Descendía de una dinastía de furtivos llamada ‘los matamachos’ y el nombre viene dado efectivamente por los machos monteses que cazaban. Y él se convertiría en el furtivo más grande y a la vez más entrañable. Su personalidad amigable y simpática era su característica más destacada.

Creció cazando, conocía la sierra como la palma de su mano, y allá donde había machos no estaba Justo muy lejos. Entonces lo mismo daba que fueran machos o hembras, «los cuernos, las tripas y la piel se tiraban a una sima. De esta manera el magro se convertía en una res doméstica, y ¡hale, hale!, a caminar por veredas hasta casa», se puede leer en el libro.

De furtivo a guarda mayor

Un día, allá por 1950 se creó una reglamentación nueva. Y entonces las autoridades decidieron colocar al frente a aquellos que más sabían de caza y que conocían mejor la sierra. Efectivamente, a los furtivos de entonces les dieron dos opciones, o guardas o la cárcel. «Qué íbamos a hacer, pues fuimos a que nos tomaran medidas para el uniforme» explicaba el protagonista.

Al frente de todos, colocaron al mejor, que era Justo Cuadros Vilar. Entonces comenzó su nueva etapa, como guarda mayor. «De un día para otro nos desterraron de matar machos» decía en una de sus narraciones. Acompañó a muchas personalidades de la época, y consiguió que cobraran los mejores trofeos, como récords nacionales de la época.

Aunque cambiaran la vida de estas personas, acostumbradas a vivir de lo que daba la sierra, Cazorla resurgió. Se convirtió en una de las zonas de España con más riqueza natural. El conocimiento de los viejos furtivos con una buena reglamentación fue la mejor fórmula.

Un tipo legendario

Justo murió a mediados de los años 70, un mes de marzo. «La primavera lo tachó de su lista de invitados (…) y la sierra perdió al amigo más entrañable» narra el epílogo.

Este libro recoge la leyenda de un hombre cuya historia a trascendido el tiempo y que es, y será, un cazador recordado por las gentes de Cazorla. «Y cuando pasen cien años, y no quede nada de nosotros, en la sierra se seguirá hablando de un tipo legendario que se llamó Justo Cuadros».

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