Vegano
telecinco.es

La primacía de los ideales sobre las personas conduce a la intolerancia. Eso, y que los idealistas son bastante plastas, en poesía, en los libros de texto y en la cola del autobús.


25 de Abril de 2017

Ya leerían que los responsables de un restaurante vegano en Tarragona prohibieron a una madre darle el biberón culpable (de contener leche de vaca) a su bebé. Azares de la televisión, tuve la oportunidad de charlar con los propietarios en El programa de Ana Rosa y aquí les narro mi estupefacción. Aquellos dos chicos, educados, afables e inflexibles, estaban convencidos de hacer el bien sólo por seguir a rajatabla unos ideales de vida.

Es un mecanismo mental cada vez más presente en la sociedad de hoy. La vaca abstracta que se anhela proteger, la oveja soñada, ese concepto cabra -aglutinador de todas las cabras del mundo- son más importantes que ese bebé concreto, allí presente, que tendría pelo fosco, ojos azules o una manta de ganchillo, qué importa, pero era un bebé equis que estaba en Tarragona y tenía hambre.

Si algo aúna al ser humano es su capacidad para contradecirse. Y bendita sea. Al fin y al cabo, eso es la vida, al menos la adulta: deshacer el plan previsto, comerte ciertos principios o hacer la vista gorda sobre detalles y actitudes que nos molestan. Sin ello no habría amor, ni sociedad, ni grupo de whatsapp que sobreviviera.

Cuántos desastres de la Historia responden a la superposición de los ideales sobre las personas, incluyendo los viajes de turoperador. Cuando lo abstracto aplasta a lo concreto, le encontramos una excusa al sufrimiento del prójimo por una causa mayor. Además de que los idealistas son siempre bastante plastas, en poesía, en los libros de texto y en la cola del autobús.

El propietario del restaurante vegano invocaba que en su casa manda él. La cosa quedó un poco heteropatriarcal, les diré. Pero abraza la tendencia de cierta nueva izquierda: prohibicionista y con moralina. Hemos pasado del punk, la anomia y el no rules sesentero al intento de imposición de una moral común.

Me contaron las pugnas internas en un partido de izquierdas a cuenta de la posición pública sobre el lobo. Sí, el concepto lobo. Los ecologistas, generalmente urbanos, defendían a toda costa la protección del depredador. Los de origen rural pensaban sobre todo en las ovejas de los pastores. Asumían la caza como parte del día a día en el campo: puro materialismo dialéctico. Es un bonito resumen de la historia de la Filosofía: idealistas contra materialistas. Y como ustedes no son youtubers, sabrán que ni idealistas quiere decir de izquierdas, ni materialistas, de derechas. Marx fue un gran pensador materialista y el nazismo bebió del idealismo romántico alemán.

Por esa supremacía de la abstracción sobre lo real se va desaguando hoy el pensamiento y crece la intolerancia. Se piensa en las vaquitas de cuento, con su sonrisa y sus motitas perfectas, no en las de verdad. En lo abstractamente bello, ideal y bueno. Y se olvidan de lo concreto. Incluso un bebé equis.

Noticia publicada en elmundo.es

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