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Guillem Bosch

Un cazador se reúne en su domicilio de La Vileta con los guardias civiles del GREIM que le rescataron de un hoyo hace un mes.


21 de Enero de 2018

Un rescate modélico. Una conjunción de factores idóneos favorecieron el feliz desenlace de la operación de salvamento de Francisco León, un cazador de 37 años, tras caer a un agujero de unos cuatro metros de profundidad. Pese a la fractura de una vertebra, mandó su posición por GPS, envió un WhatsApp a su esposa y llamó al 112. Los servicios de rescate hicieron el resto. Ahora se recupera en casa y se mueve con un andador.

Un emotivo reencuentro tuvo lugar el viernes en un domicilio de La Vileta. Francisco León, un cazador de 37 años, se abrazó en su domicilio a dos de los guardias civiles del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) que le rescataron el pasado 16 de diciembre tras haberse caído a un agujero de cuatro metros en el Valle del Silencio, a escasa distancia de su domicilio. “He vuelto a nacer gracias a ellos“, subraya la víctima tras abrazar a sus rescatadores nada más traspasar el umbral de su casa.

El accidente de caza ocurrió el pasado 16 de diciembre en el llamado Valle del Silencio de La Vileta. Los perros habían marcado la presencia de una becada. Cuando Francisco se aproximó al lugar, no se percató de que había un agujero cubierto por la maleza. El suelo cedió bajo sus pies y cayó cuatro metros a plomo. “Conozco la zona como la palma de la mano y, sin embargo, no lo vi”, se lamenta. Se mueve con un andador y su rehabilitación se prolongará a buen seguro más de un año.

El fuerte impacto contra el suelo le provocó el estallido de la vértebra L1 y el aplastamiento de la médula espinal. Pese al dolor insoportable, Francisco León tuvo la sangre fría suficiente para enviar su posición por GPS a las emergencias, mandar un Whatsapp a su esposa Olga comunicándole el accidente y llamar al 112.

El cazador tuvo que recurrir al ingenio para tratar de ser rescatado. “Estuve unas tres horas en el agujero. Los primeros 45 minutos, tras sufrir el golpe, estuve ido. Luego empecé a buscar soluciones”. Lo primero que hizo fue tratar de telefonear. “No tenía cobertura. Estiré el brazo todo lo que pude y vi que tenía una raya en el móvil. Suficiente para poder llamar”, recuerda.

Al ver a su amo caído en el agujero de cuatro metros, desvalido y sin poder moverse. Sus dos setter ingleses León y Lola no vacilaron en saltar para estar junto a él. Los perros arrimaron sus cuerpos a su dueño para proporcionarle “calor y tranquilidad” y atenuar el principio de hipotermia que presentaba Francisco. “Son como mis hijos”, destaca el cazador

“El principal problema con el que nos encontramos fue la localización de Francisco. Aunque teníamos las coordenadas del GPS, pero se solapaban con otro punto del mapa”, explica Juan López, sargento del GREIM.

Los miembros del grupo de montaña de la Guardia Civil se movilizaron en el helicóptero del Instituto Armado para tratar de dar con el paradero de la víctima. Antes habían tenido la precaución de subir a la aeronave a un médico para proporcionarle la primera asistencia sanitaria al herido en el menor tiempo posible.

En la boca del agujero del Valle del Silencio habían acudido efectivos de Bombers de Palma, Policía Local y asistencias sanitarias del Ib-salut. El rescate de la víctima era muy complejo. El herido se encontraba en posición fetal y presentaba síntomas de una lesión medular.

Entonces, el agente del GREIM Ricardo Ballesteros aprovechó su doble formación, máster en montaña y diplomado en enfermería, para descender hacia el lugar donde se encontraba la víctima junto con el médico y ponerle una vía para que el facultativo le administrara un calmante para atenuar el insoportable dolor de Francisco.

Calma pese al dolor

El modélico comportamiento de Francisco León también fue ensalzado por Ballesteros. “Has sido el herido ideal. Nos has dado muchas facilidades para que pudiéramos hacer bien nuestro trabajo”, destacó este experto agente. “Has dado tu posición, has comunicado con tu familia con el accidente. No perdiste la calma a pesar del dolor. No se puede pedir más”.

El cazador, además, adoptó otra medida de precaución mientras se encontraba en la oquedad. El fuerte impacto contra el suelo no solo le había roto una vértebra. También había destrozado la culata de la escopeta con la que se disponía a cazar una becada. Al tener a sus dos perros arropándole, Francisco aguantó como pudo el dolor para desmontar la escopeta y evitar un posible accidente de caza por un disparo fortuito del arma.

Los servicios de rescate le inmovilizaron antes de sacarle del agujero. Luego le colocaron otra camilla especial para izarle al helicóptero y llevarle a Son Espases. Luego fueron salvados sus perros. “Nuestra gratificación es verte bien”, resalta el sargento López.

Noticia publicada en diariodemallorca.es

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