Fotografían un ciervo en julio y noviembre y esta es la impresionante diferencia

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Delgado y con borra en pleno verano, este ejemplar de ciervo reconocible por su ojo tuerto, engorda y se muscula de forma brutal en invierno.

Por Carlos Vignau

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Esta imagen del mismo ciervo en primavera e invierno está corriendo como la pólvora en las redes sociales. Se trata de dos retratos, uno en julio y otro en noviembre.

El ciervo es fácilmente reconocible. Está tuerto del ojo derecho, le nace una punta de la roseta derecha y mantiene la forma idéntica al ejemplar con borra.

Llama poderosamente la atención entre las dos imágenes. En la primera vemos un ciervo delgado, con el cuello bastante fino y la cornamenta cubierta por una borra oscura.

El ciervo en el mes de julio.

Después de unos meses de frío y de una alimentación variada y nutritiva, el cambio es radical. El cuello parece haber engordado y musculado. El pelo, ahora con capa de invierno, recubre un corpachón que ha duplicado su figura. Los cuernos ahora están al aire, mostrando las curiosas puntas de su trofeo.

El mismo macho en pleno invierno.

Una pelea entre ciervos de carne y hueso

Los ciervos suelen ofrecer a los cazadores espectaculares imágenes cuando entran en celo. Cada macho ve a los demás como un enemigo potencial capaz de arrebatarle sus hembras.

En este vídeo vemos a dos ciervos de cola blanca chocando sus cuernas de forma brusca. Uno de ellos es superior en tamaño y kilos y se impone a su rival.

Tanto es su ímpetu que cuando consigue doblegar al enemigo humilla hasta arrastrar el morro por el piso y clava sus cuernos. Esta acción provoca un efecto palanca que levanta el cuerpo del venado por los aires.

Ahí tienes el sorprendente vídeo: