Este ave rapaz pasa por un estrecho hueco de 20 centímetros

ave rapaz

Los 150 centímetros de envergadura de este ave rapaz no son un problema si lo que se encuentra al otro lado del obstáculo es su recompensa.

Por Carlos Vignau

ave rapaz

No descubrimos nada si aseguramos que las aves rapaces son máquinas absolutamente perfectas. Pueden volar más rápido que ningún otro ave, su visión es legendaria y su capacidad para cazar presas de mayor tamaño que ellas deja a los cazadores de dos patas a la altura del betún.

En el siguiente vídeo podrás comprobar otra de sus habilidades innatas a la hora de atrapar una presa. El protagonista es un espectacular búho de cetrería.

El cetrero lo llama y el ave se lanza en busca de su recompensa. Para obtenerla, deberá plegar sus alas de manera que le permitan atravesar el estrecho hueco que hay entre dos personas, una ventana de unos 20 centímetros.

Un ave así presenta una envergadura de unos 150 centímetros por lo que la reducción debe ser total para poder acceder al premio. Lo impresionante es a la velocidad que este animal es capaz de reaccionar…

Aquí tienes el vídeo:

Así entrenaban a las rapaces en el antiguo Japón

En el vídeo que a continuación te mostramos se recoge una parte de un documental de Félix Rodríguez de la Fuente. En él aparece un cetrero japonés que utiliza técnicas ancestrales niponas para lograr capturar un águila azor que le sirve para cazar durante el duro invierno de la región en la que vive.

Durante todo el vídeo, se ve cómo el protagonista trata con todo el mimo del mundo al animal que será su compañero de cacería. Gracias a esta águila el hombre logrará comer a pesar de las grandes nevadas que hacen estragos en el norte de Japón, tal y como explicó Félix en su día, allá por 1972 cuando fue filmado este reportaje.

En las imágenes se ve el momento en el que el cetrero consigue atrapar a la rapaz, su posterior adaptación al hombre y su posterior adiestramiento, así como algunos lances finales de caza. Es con esta práctica con la que el hombre consigue alimento y pieles que luego comercia para conseguir dinero, tal y como recoge el documental.
Todo un arte digno de admirar que probablemente ya se haya perdido, pues el cetrero que protagoniza el documental era el último de su familia en dedicarse a ello.
Aquí lo tienes.