En la montería hay una serie de reglas escritas y no escritas que todo rehalero debe seguir para cazar cumpliendo con la ley.

Por Jose Ignacio Contreras

cazar montería
Este es el decálogo del buen rehalero. / IHT.

1. La entrada en la mancha, a su debido tiempo

Un error importante, y que sucede de manera bastante habitual, es la llegada de las rehalas antes de haberse cerrado la mancha. Los jabalíes saben perfectamente que el sonido de los carros por los carriles y el ladrar de los perros son dos señales inequívocas de que es el momento de huir de la zona. Los viejos macarenos, más astutos, tienden a escabullirse por los huecos de la armada que no está todavía cerrada. Cuando me dedicaba a organizar monterías marcaba a los rehaleros una hora de llegada para que entrasen en la zona de conflicto cuando la mancha ya estuviera cubierta y los monteros bien apostados.

2. Lanzas, nunca

Un amigo me contaba que en una montería tuvieron que ‘invitar’ a un rehalero a que volviese al carro con sus perros, pues llevaba 11 cochinos abatidos con una lanza: está totalmente prohibido dejar que el conductor de la rehala se ayude de esta arma para poder rematar a los jabalíes. Se deben abatir con el cuchillo tradicional para poder darles la oportunidad de soltarse de los perros y cumplir en los puestos. No nos olvidemos de que la labor del perrero es obligar a las reses a llegar a las posturas: es su misión y para ello se le paga. 

3. No abandones a tu sitio en la mano

Cuando se produce un agarre, sobre todo si se trata de un cochino grande, en muchas ocasiones un rehalero abandona la mano de caza y se cruza por delante de los otros compañeros de montería para hacerse con el trofeo. Esto provoca un hueco en la misma mano por donde escaparan los jabalíes cogiendo la espalda a las rehalas. El perrero que debe tratar de abatir al cochino ha de ser el que más cerca se halle del agarre. En alguna ocasión he retirado los trofeos a aquellos que han actuado mal, pues no nos olvidemos que son de la propiedad aunque normalmente se ceden a los rehaleros… siempre y cuando hayan cumplido con las normas de la montería.

4. Procura llevar sólo machos en la rehala

Llevar una perra en celo en la rehala puede dar al traste con una buena parte de la montería, pues los perros estarán más pendientes de ella que de los rastros que hay en la mancha. También provocará peleas entre ellos… y broncas entre los demás rehaleros, que recriminarán al responsable de tan brillante idea. Se trata de una circunstancia con la que he tenido que lidiar en más de una ocasión, viéndome obligado a ordenar al rehalero dar la vuelta para guardar la perra. Incluso así, aún quedaban perros alrededor del carro en busca de los efluvios femeninos.

5. Los perros, claritos y con cascabel

Por mínimo que parezca, se trata de un detalle que puede evitar más de una tragedia. Llevar perros con un pelaje parecido al del cochino y sin cascabel podría confundir al montero. Por este motivo en algunas de mis monterías se ha matado algún que otro can víctima de un fatídico disparo.  

6. Con la radio siempre ‘ON’

Un perrero sin emisora suele ser sinónimo de perro ineficaz. Todos tienen la obligación de llevar emisora, ya que es la mejor forma de poder coordinar todos los movimientos de las rehalas. Recuerdo un rehalero que cazaba con nosotros. Tenía unos perros muy buenos, pero no solía llevar emisora o no la encendía, pues le gustaba «cazar a su aire», nos decía. No entendía que este tipo de caza es similar a una ofensiva militar y que un batallón descarriado puede mandar al traste toda la batalla. 

7. Entrena a tus perros

El bajo estado de forma de los canes es un tema muy delicado. Sí, al final de temporada todos están fuertes, es normal, pero muchas rehalas llegan desentrenadas a las primeras monterías. El rehalero debe preocuparse de que sus animales no estén pasados de peso y de campearlos antes de que empiece el curso cinegético para que no flojeen a las primeras de cambio.

8. Cuida su salud de tu rehala

Asociado directamente con el anterior punto está el asunto de la salud de la rehala. Los animales deben estar bien desparasitados, pues se mezclan con otros perros que les pueden transmitir alguna enfermedad, sobre todo de tipo cutánea. Yo dejé de llamar a una recova que trabajaba bien porque los demás rehaleros se quejaban del estado tan penoso de sus canes, pues parecía que tenían sarna.

9. La caracola, sólo para el final

No hay que abusar de la caracola. Algunos perreros tienden a tocarla en cuanto sus animales se alargan demasiado –por temor a perderlos y tener después que esperarlos al finalizar la montería–, provocando que vuelvan y no se bata bien la mancha. 

10. Que las mezclas no estropee la rehala

Cuidado al mezclar los perros de vientos con los de rastro porque acabarán por estorbarse entre ellos. Los segundos laten la huella de los jabalíes incluso horas después de su paso, lo que despistará a los primeros, que acuden al latido abandonando su mano. Lo mismo ocurre al revés: si los de rastro llevan una huella caliente serán adelantados por los de viento, mucho más rápidos, viéndose obligados a abandonar su persecución. Un rehalero que cazaba habitulamente con nosotros llevaba un sabueso entre sus podencos que volvía loco al resto de las rehalas, pues latía los rastros de cochinos que llevaban horas fuera de la mancha.   

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