Espectacular lance de caza con un jabalí en la nieve

lance jabalí

Este cazador no se dejó vencer por los nervios y dejó cumplir al jabalí y consiguió grabar el lance soñado por muchos.

Por Carlos Vignau

lance jabalí

Un jabalí en batida con el terreno cubierto por un manto blanco de nieve es algo que todos los cazadores han soñado alguna vez. Lo oscuro de su pelaje destaca con el fondo inmaculado de la nieve y este tipo de lances gozan de una belleza extra que a todos los monteros les encanta, hasta para vivirlo de forma virtual en la pantalla de su smartphone.

En el vídeo vemos a un cazador ocupando un puesto en una batida de jabalíes, concretamente el número 11, como vemos en el tronco del árbol.

El hombre escucha la llegada del jabalí y se prepara. Su estrategia no puede ser mejor. Utiliza el tronco que tiene en su postura para ocultarse de tal manera que cuando el cochino rompe a lo limpio no le detecta.

Un lance al jabalí impresionante

El jabalí entra corriendo, seguramente levantado por los batidores o escapando de algún perro pero el cazador cierra el lance de maravilla. Alza su rifle con toda tranquilidad, encara y aprieta el gatillo, dando con el morro del cochino en la nieve.

El lance soñado: un cochino en batida en la nieve. Enhorabuena al afortunado cazador, por la pieza cobrada y por hacer las cosas bien.

Otro jabalí en la nieve

El joven cazador catalán Carlos Vilanova cazó junto a su padre, Joan Vilanova, un gran jabalí el pasado 24 de enero en un coto situado en las cercanías de la localidad de Guixersen la provincia de Lleida, en el que la nieve -tienen permitido cazar con ella hasta cierto espesor- había hecho acto de presencia.

Aquel día, «llegamos sobre las cinco menos cuarto al monte. Empezamos a prepararnos, a cargar el rifle, y nos dirigimos al cazadero», relata el joven. «Había caído alguna nevada e íbamos con la intriga de si saldría algún cochino», narra Vilanova. «Empecé el rececho con mi padre, y fuimos avanzando en la montaña hasta llegar a las primeras nieves. En ese momento fuimos parando, mirando el rastro, y ya vimos que había huellas de un jabalí grande desde hacía días», añade.

«Continuamos caminando sin ver nada hasta que subimos a una ladera en la que tienen querencia los corzos. Al llegar al lugar, me tumbé a la nieve a esperar a mi padre, miré con los prismáticos a la ladera que había enfrente y vi que algo se movía. Le dije a mi padre que no hiciese mucho ruido, y cuando él midió la distancia me dijo que era un jabalí», relató emocionado el joven.