¿Es el cerdolí una amenaza para el jabalí? ¿Cómo podemos controlarlo?

jabalí

Si estás preocupado por que en tu coto de caza ha aparecido este extraño cruce entre jabalí y cerdo vietnamita esto es lo que puedes hacer al respecto.

Por Ciencia y Caza

Se llama cerdolí coloquialmente a un híbrido entre el jabalí y el cerdo doméstico –que al fin y al cabo son la misma especie, Sus scrofa– como el vietnamita. Se encuentran en muchos lugares del mundo, y su presencia se relaciona con la fuga de cerdos principalmente utilizados como mascotas o su abandono por parte de dueños que ignoran el tamaño que pueden alcanzar de adultos.

Miguel Delibes-Mateos, en un estudio publicado en 2013, demostró 42 casos de vietnamitas puros y cerdolís en libertad detectados en España, principalmente en Levante. Las últimas noticias confirman su presencia en Navarra y Ceuta. En la mayoría de los casos se les ha localizado en piaras buscando alimento cerca de pueblos y ciudades y bien durante el transcurso de cacerías. 

¿Son una amenaza?

Sí, y por varios motivos. El cruce entre cerdos y jabalíes supone una contaminación genética de este último en toda regla. También provocan daños a los cultivos, agravando el problema que sufren muchas comarcas agrícolas. Por último, por sus hábitos diurnos son responsables de un buen número de accidentes de tráfico durante las horas de día, por lo que su presencia se convierte en otro problema añadido para la seguridad pública.

¿Está permitida su caza?

Los cerdos vietnamitas, al ser animales domésticos, no son considerados como cinegéticos, pero su caza y la de los híbridos con jabalí ha sido autorizada en varias comunidades autónomas durante los últimos años dado que se trata de especie exótica.

¿Qué puedo hacer si los veo?

Detectadas las piaras, y pese a la peregrina propuesta de adopción que defienden algunos grupos animalistas, modalidades de caza como las batidas o ganchos y el uso de armas de fuego son las herramientas más efectivas a la hora de intentar controlar su número, ya que son muy difíciles de capturar.

Si estos animales están presentes en vuestro acotado podréis solicitar la puesta en marcha un plan de erradicación como el que se activó en Benidorm en el año 2014 y que permitió llevar a cabo varias batidas dirigidas específicamente a su eliminación del medio.

Otros ejemplos en los que se han puesto en marcha este tipo de acciones los podemos encontrar en el Parque Fluvial del Manzanares de Madrid, también en 2014, en Asturias, Navarra o Cartagena... Todos estos casos nos permiten hacernos una idea de la gravedad y ámbito del problema. Por cierto, si tenéis la suerte de contar con la colaboración del agente medioambiental de tu comarca todo será más fácil, pues será el interlocutor ideal con los técnicos del servicio territorial de tu provincia encargado de autorizar los permisos para su erradicación.

Un jabalí entre cerdos

El jabalí sabe perfectamente cuándo las cerdas entran en celo. Esta es una afirmación que cualquier tipo que sepa un poco de campo compartirá. Cuando llega esta época, el aire se carga de hormonas femeninas que llegan hasta las poderosas napias de los cochinos. Desde luego, para ellas es una época mucho más feliz que la de matanza.

Los jabalíes, nerviosos por los nuevos aromas que desprende el monte, tratan de seguir su rastro hasta que dan con los cerdos, entre los que puede haber alguna cochina sin castrar. Otras veces, cuando no hay hembras en celo de por medio, también se mezclan con la piara. ¿Quién sabe? Tal vez le guste la compañía de sus primos

Jabalí y cerdo, primo hermano

Este parentesco entre el jabalí y el cerdo hace que los ganaderos que se encargan de mantener a los segundos estén ojo avizor cuando el celo se acerca. Precisamente es lo que sucede en el siguiente vídeo.

El hombre sabe que un jabalí visita por las noches a su piara de cerdos por lo que decide poner fin a sus amoríos. Abre el portón y los animales domésticos empiezan a salir en fila india.

El ganadero solo tiene que permanecer apostado detrás del muro y esperar a que el galante jabalí salga del corral de cerdos haciéndose parar por uno más de la piara.

La moraleja de este vídeo es que el amor puede hacer que pierdas la cabeza… e incluso algo más.