Duende
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La caza a rececho consiste en la persecución a la pieza por parte del cazador hasta lograr su captura, objetivo realmente complicado cuando se trata de este cérvido.


11 de Mayo de 2018

Desde el pasado 1 de abril se mantiene abierta la época hábil para caza del corzo a rececho en Castilla y León. La caza a rececho de este pequeño ungulado, modalidad considerada por la mayoría de los cazadores como una de las más deportivas de las que pueda disfrutar cualquier apasionado a la venatoria. Contrariamente a lo que sucede en la montería, la caza a rececho consiste en la persecución a la pieza por parte del cazador hasta lograr su captura, objetivo realmente complicado cuando se trata del corzo (capreolus, capreolus), pequeño cérvido de movimientos sigilosos y costumbres huidizas que le han llevado a ganarse el seudónimo de ‘duende del bosque’.

Este apelativo describe su enorme capacidad para pasar desapercibido al mínimo peligro que perciban su excelente oído o finísimo olfato, sentido este último que ha desarrollado de forma extraordinaria y que le ha servido para alcanzar una gran explosión demográfica después de pasar por una situación crítica a primeros de la década de los 70, alarma que supuso el inicio, por parte de la administración, de la gestión de la especie, hasta entonces reducida a fincas de carácter privado dedicadas al aprovechamiento cinegético.

A excepción de casos como el anteriormente citado, la expansión demográfica del corzo en nuestra provincia se remonta a no más de dos décadas, llegando en la actualidad a mantener poblaciones estables en lugares impensables entonces, circunstancia en la que ha influido su adaptabilidad a distintos biotopos como consecuencia de su carácter gregario. Su deformismo sexual se limita fundamentalmente a la ausencia de cuerna en las hembras y por tanto, carentes de valor cinegético.

Como en el resto de los cérvidos, la cuerna en el macho, este de marcado carácter polígamo, juega un papel importante en su ciclo reproductivo, pues de ella depende su éxito sexual durante la fecundación entre los meses de julio y agosto, momento que -por otro lado- dará paso al periodo de diapausa embrionaria, fenómeno que consiste en la detención del desarrollo del embrión. Tras 170 días, a finales de noviembre, el embrión continuará con su desarrollo de gestación de 130 días.

El rececho

El rececho es la única modalidad de caza del corzo permitida en Castilla y León. El corzo es en general una especie de hábitos solitarios, aunque las condiciones el hábitat, a través de la distribución de recursos y la disponibilidad de refugio, pueden determinar comportamientos más gregarios, hecho que se ha observado en los últimos años tras que poblaciones de corzo ocupen áreas agrícolas abiertas. Sus preferencias por las zonas boscosas hace de su caza una dificultad añadida que el cazador debe superar a través de una buena condición física y su astucia, principalmente en aquellos días en los que predominen ráfagas de aire. Será entonces cuando el cazador deba poner en valor sus conocimientos sobre el terreno para acortar la huida sigilosa y casi mágica del corzo que se convierte en asustadiza cuando es sorprendido, será entonces cuando emita un característico sonido similar al ladrido de un pequeño perro y que sirve de alerta al resto de congéneres, cuando no de desconcierto en los cazadores más noveles.

En cuanto al equipo necesario, se hace fundamental el empleo de prismáticos de calidad contrastada, pues no conviene olvidar que es el cazador el que deberá localizar a la pieza y solo unos buenos prismáticos nos garantizarán que el trofeo elegido es el que buscamos. Sobre el arma a utilizar, son los rifles de cerrojo los que alcanzan una mayor precisión, peculiaridad a la que debe sumarse la óptica, buenas piernas y silencio absoluto.

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