Los cazadores cuidamos de nuestros bebederos de los cotos de caza invirtiendo mucho dinero y esfuerzo, pero… ¿lo estamos haciendo bien? 

Por Ciencia y Caza

cotos de caza

Los cazadores hacemos un esfuerzo ingente para instalar y mantener puntos de agua en los que la fauna pueda sobrevivir. Según las estimaciones del informe socioeconómico realizado por Fundación Artemisan y la consultora Deloitte, los cotos españoles invierten cada año 15 millones de euros.

Los estudios disponibles, tanto de caza mayor como menor, son también rotundos: en ocasiones, son la única medida de gestión que se realiza en los acotados, dado que el agua es la vida y en muchas partes de la Península Ibérica desaparece durante meses, situación que se agrava con el fenómeno del cambio climático. 

¿Charcas o bebederos?

Ni que decir tiene que las fuentes de agua naturales deben de prevalecer sobre la construcción de charcas y la colocación de bebederos artificiales. Las primeras son más costosas y difíciles de mantener, pero proporcionan más agua a más ‘público’. Los segundos son más baratos y se pueden reubicar, pero limitados en el número de animales que se abrevan al mismo tiempo. Cada uno que eche cuentas… 

¿Problemas de aforo en tu coto de caza?

Sí, es cierto que los bebederos pueden sufrir problemas de agregación, especialmente cuando el agua se da en un espacio reducido, como una pileta o pequeña charca, pero el fototrampeo nos muestra cómo los animales se van turnando para poder abrevarse. Al menos, las aves y especies como los conejos y las liebres, no parece que muestren problemas de convivencia, al contrario que cuando hay córvidos, rapaces u otros depredadores con los que las presas no querrían encontrarse… pero tampoco parece que existan problemas importantes.

La cosa cambia cuando hablamos de charcas, en las que dicha agregación parece disiparse, salvo que estemos en lugares con gran densidad de fauna y se monte un belén a la hora de abrevarse. Aquí pueden producirse problemas de mantenimiento por pisoteo, especialmente en fincas de caza mayor y en las que además conviva el ganado.

¿Son un foco de enfermedades?

Existe un gran debate sobre un hecho ya confirmado por la ciencia para la caza mayor: en los bebederos y charcas compartidos por ungulados domésticos y silvestres existe mayor posibilidad de transmisión de enfermedades. Como solución, ingeniosos estudios del IREC plantean bebederos y charcas excluyentes, dirigidos a unos u otros.

Pero en este caso, mejor no compartir el H2O para evitar males mayores. En la menor este problema no se ha demostrado, salvo el típico bebedero guarreado por bandos de palomas y otras aves que, oiga, defecan los suyo… pero nada que no se solucione con un correcto protocolo de desinfección. 

¿Cuánto bebe la fauna de nuestros cotos de caza?

Es difícil calcular la cantidad de agua que un animal necesita, especialmente porque muchas especies la toman de la humedad de los alimentos. El ‘verde’ que tanto gusta a perdices, conejos, liebres y cérvidos. Pero claro, aquí hablaríamos de los extremos: mientras los tres primeros pueden aguantar varios días sin beber los corzos, por ejemplo, necesitan disponer de agua superficial.

Lo que sí se ha estudiado ha sido el consumo medio que tienen bebederos de pileta, que según un estudio de Vicente Gaudioso y sus colaboradores en Valladolid se mantuvo en una media de unos dos litros diarios al día. En conclusión, será necesario tener lista la cisterna para mantener los bebederos llenos, que el verano es muy largo. 

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