Factores como el agua, la disponibilidad de alimento o su extensión son la clave para que el corzo se establezca en un lugar u otro de tu coto.

Por Ciencia y Caza

corzo

La elección del territorio vendrá marcada fundamentalmente por dos aspectos clave, la disponibilidad de alimento y la presencia de cobertura vegetal (Morellet et al., 2011). Por un lado, este hecho viene determinado por una cuestión puramente anatómica de la especie, que se asocia al tamaño relativamente reducido de su estómago, si lo comparamos, proporcionalmente, con el de otros cérvidos (Kamler et al., 2002).

Esta particularidad condiciona al corzo a seleccionar entornos donde abunde el alimento de calidad, en forma de brotes tiernos de árboles y arbustos, inflorescencias y pastos frescos, fundamentalmente de leguminosas.

Por otro lado, la cobertura vegetal también se ha mostrado como un factor importante, de modo que, al menos en la Península, podemos hablar del corzo como una especie eminentemente forestal (Virgós and Tellería, 1998), si bien, busca entornos en los que existan claros y zonas de mosaico que le permitan obtener alimento de calidad y desarrollar sus patrones de comportamiento y defensa y marcaje del territorio entre otros. 

¿Cómo condiciona el alimento las dimensiones de su territorio?

Existe una relación directa, de modo que los corzos defenderán aquellos territorios de mayor calidad y los disputarán frente a otros ejemplares (Morellet et al., 2011). Como indicábamos con anterioridad, el tamaño reducido de su estómago (Kamler et al., 2002) obliga no sólo a buscar alimentos de calidad, sino también a dedicar una buena parte del día a desarrollar patrones ingestivos, lo que hace que este aspecto sea muy importante para definir el tamaño de un territorio.

Cuando los entornos son de mala calidad y el alimento escasea los animales se verán obligados a mantener espacios de mayor tamaño o, incluso, a desplazarse en busca de otros más favorables. Se ha podido observar cómo las hembras sin crías mantienen territorios de menor tamaño que aquellas que tienen corcinos a su cargo, probablemente porque las primeras cuentan con menores requerimientos nutricionales y, por tanto, no necesitan mantener áreas tan grandes (Tufto et al., 1996).

Por otro lado, parece existir también una influencia directa de la cobertura vegetal disponible. En este sentido, un estudio realizado en Francia, donde el corzo ocupa ambientes más ligados a medios agrarios, demostró una correlación directa entre la presencia de setos y linderos de calidad y menores dimensiones de los territorios (Said and Servanty, 2005).

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