Cinco puestos de montería infalibles que siempre funcionan

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Los nervios te corroen por dentro y, por fin, escuchas tu nombre. Eliges un sobre aparentando ser un tipo sereno, pero sólo tú sabes lo que pasa por dentro. ¿Cumplirá hoy el puesto de montería? 

Por Edu Pompa

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Un cazador en un puesto de traviesa durante una montería. / Ángel Vidal

1. El de traviesa

«Es de traviesa. Ése es bueno, no falla», asegura uno de los asistentes cuando te ve sacar la cartulina. Ni que decir tiene que este tipo de puestos son de los más solicitados. Si no lo crees prueba a decir que no puedes andar mucho y que lo cambias por algún puesto en el cierre más próximo a la casa. ¡Te van a salir amigos por todas partes! Pero, ¿de verdad no falla? Eso de que es bueno ya los has oído en otras ocasiones, pero no cuela. Ya no te fías.

Si no que se lo cuenten a las balas de tu canana que tienen más kilómetros que la bicicleta de Contador. ¿Hoy tirarás? Estadísticamente hablando tendrás más posibilidades casi que en cualquier otro. Las reses cruzarán la mancha de un lado a otro y este tipo de puestos son los que normalmente más oportunidades de disparo ofrecen, pero si eres un cenizo en toda regla no nos atrevemos a asegurártelo. 

2. El de cortadero

Este es el preferido de los del semiautomático o el express, ese puesto donde las reses se paran antes de salir a lo limpio y se cargan de aire para cruzar a toda máquina exigiendo el mejor de tus encares. Aquí sólo los más rápidos serán capaces de frenar a jabalíes y ciervos en su huída. Puede tratarse del mismo que el de traviesa si se sitúa en el interior de la mancha, o ser un cierre si está en los extremos.

Dejando a un lado su situación, de lo que no cabe duda es que se trata de posturas donde el disparo –aun debiendo ser rápido- es más sencillo que en otros puestos con mayor vegetación, de ahí que si rompen las reses por tu puesto, tengas altas probabilidades de tocar pelo. Si quieres que no te ganen la partida, pon en práctica este truco: colócate de espaldas al monte y sujeta el rifle en guardia baja o directamente encarado hacia la mitad del cortadero donde prevés que cruzarán. ¡Ganarás tiempo! 

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Los puestos de cortadero son un clásico de la montería española. / Carlos Vignau

3. El de la gatera

«Ahí se le colaron tres guarros el año pasado a un compañero que no vigiló bien la gatera».Ya estamos. Que si te vas a quedar sin balas, que si ahí los vas a tirar a porta gayola, que si la abuela fuma… ¡Ojalá!, piensas, pero los madrugones a tus espaldas y las veces que no has parado de mirar otros pasos con más telarañas que la casa de Spiderman sin resultado no te permiten confiar.

Es verdad que son sitios querenciosos y que si un jabalí acosado quiere abandonar el monte por la zona que vigilas, se verá obligado a hacerlo por ese punto: ese portillo o gatera que, a decir verdad, te facilitará el disparo. Ya sabes por dónde te van a venir.

4. El puesto de balcón

«Menudo tiradero. Ahí vi disparar un par de cargadores seguidos a un tío con uno de cerrojo el año pasado», diría el típico montero que acude a la misma mancha todos los años y asegura que ese puesto cumple. A decir verdad, este tipo de posturas suelen sacar bastantes tiros a los monteros. Los jabalíes se pasean por el testero de enfrente y todo un cierre arma la traca.

Cuando oigas eso de «hoy se han tirado más de 200 tiros», cuenta que van incluidos los de esos dos o tres monteros que disparan a todo lo que ven en este tipo de puestos sea a la distancia que sea. Si quieres aumentar tu efectividad no olvides llevar el arma a tiro, ayudarte de un buen apoyo –como por ejemplo un trípode– y asegurar el momento del disparo conteniendo la respiración un par de veces… si es que puedes. Sabemos que no es fácil, pero suelen ser puestos donde los lances te harán liberar pura adrenalina. 

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Un puesto de balcón en una montería en Toledo. / Carlos Vignau

5. El del postor

Si hay un puesto que no falla en una montería ese es el del postor. No sé cómo se las apañan que allí donde se ponen, mojan. He visto múltiples estrategias: desde el la clásica colocación de toda la armada para colocarse en el último, hasta ubicar a cazadores y volver luego hacia el que supuestamente era el suyo o decir al penúltimo que se vaya uno más allá que, como lleva rifle, cubrirá mejor ese testero.