Ojos

Aunque suele ser un deporte en el que los hombres son mayoría, las mujeres comienzan a hacerse un hueco en el mundo de la caza. Cuatro tinerfeñas cuentan su experiencia.


5 de Agosto de 2017

Son amantes de los animales, sobre todo de los perros. Han sufrido por ellos. En ocasiones, mucho. Pero también son cazadoras o, al menos, están muy vinculadas a este deporte, que defienden con pasión, aunque cada una con sus matices.

Patricia y Paula León, Itahisa Cabrera Déniz y Ángeles Añino no rehuyen el debate sobre los complicados momentos que vive la caza desde el punto de vista social. Lo afrontan y lo enfrentan con argumentos.

Vinculada desde niña, y por tradición familiar, a este mundo, Itahisa recuerda aún con cariño cómo eran los días previos al inicio de la temporada. “Era como una fiesta en casa. Un día súper especial. Se preparaba todo con esmero y se trasladaba a la zona de El Rodeo, en San Andrés”, cuenta.

Ahora, algo más alejada del campo, pero con la familia metida aún de lleno en este deporte, reconoce que le llama la atención la “presión” que se ejerce sobre los cazadores. “En mi casa solo he visto cariño para los animales”, sentencia. Sobra decir que el resto secunda su afirmación.

“El animal es el eje central de la caza. Cazador es aquel que mantiene una relación con él”, valora Paula, hija de José Francisco León, reconocido practicante de la modalidad de San Huberto.

De él han heredado, tanto ella como su hermana Patricia, la afición por la caza. Eso sí, con una diferencia. Mientras que Paula prefiere “quedarse en casa” cuando se pueden usar armas, Patricia se confiesa una apasionada de ellas. Cierto es que en las modalidades de pluma resulta fundamental su uso para compensar al perro con la pieza.

La mayor de las hermanas León no duda en afirmar que gran parte de las críticas que reciben los cazadores radica, por un lado, en el “desconocimiento absoluto” que existe de este deporte, y, sobre todo, por el alejamiento del mundo rural. “No es justo que nos llamen asesinos. En las perreras, por ejemplo, no todos los perros que están abandonados son de caza”, enfatiza.

Ángeles Añino, que sale al campo junto a su pareja, Alejandro Isa, subcampeón de Canarias de San Huberto, lo tiene claro: “Lo bueno nunca sale, pero como se conozca el caso de un cazador ya son todos culpables”, se queja.

No obstante, en este asunto existe cierta coincidencia. “La culpa también es de los propios cazadores -se engloba todo- por no haber dado a conocer el mundo de la caza”, reconoce Paula León. “No se le da la importancia que tienen”, añade Ithaisa. Y Patricia concluye: “El cazador es el primer interesado en mantener el entorno”. También a sus animales.

De cualquier forma, y con los debates de siempre al margen, las cuatro destacan que la cacería tiene una parte “bonita”: conoces a mucha gente de muchos sitios. Sobre todo aquellos que tienen la fortuna de viajar para competir.

¿Es este un mundo de hombres? Todas coinciden en una respuesta negativa. “Antes había menos mujeres, pero ahora se van sumando poco a poco, tanto al campo como a la parte burocrática”.

Patricia León

ABOGADA

Noticia publicada en eldia.es

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