Cámaras

Los ganaderos recurren a ellas para proteger al ganado ante la creciente amenaza de este depredador.


20 de Noviembre de 2017

La sequía sufrida este año y la grave oleada de incendios registrada de octubre, que dejó en la provincia más de 22.000 hectáreas calcinadas constituyen una nueva amenaza para los ganaderos. Los fuegos arrasaron montes y acabaron con la vida de miles de animales, por lo que muchos lobos que habitan las sierras ourensanas (la mayoría en el Macizo Central, el Xurés o la Serra do Larouco) ya no tienen qué comer y se ven obligados a desplazarse a los núcleos de población y fincas particulares, en busca del sustento que ya no encuentran en la sierra. «Los incendios están acabando con la fauna y a los lobos no les queda más remedio que bajar a zonas a las que normalmente no bajarían, porque se juegan el tipo», explica Serafín González, presidente de la Sociedade Galega de Historia Natural.

Ovejas, vacas y cabras son el blanco de estos animales, a los que cada vez es más frecuente ver cerca de las casas y cercados. Los ganaderos, que censuran la falta de ayudas por parte de la administración para contrarrestar estos ataques, hacen uso de cualquier medida que esté en su mano para proteger el ganado, incluida la instalación de cámaras de vigilancia o de sistemas GPS en las reses.

Cámaras y GPS

Ivan Gil, propietario de una explotación de vacas autóctonas, ha instalado cámaras en su finca particular ubicada en Os Blancos. «Es un sistema que se utiliza para controlar a las manadas y protegerlas del lobo o de posibles robos. Por suerte, mi ganado nunca ha sufrido ningún ataque pero hay peligro de que ocurra, por lo que tengo que tenerlo controlado, a veces no duermo», señala. El ganadero pondrá en los próximos días un dispositivo GPS a sus vacas. «Es un sistema novedoso que sirve para detectar la temperatura y la presión arterial de los animales», explica Iván. «Si están sufriendo algún ataque, el sistema detecta que su actividad corporal es anormal. Por otra parte, al tener GPS, si se salen del cercado, también envía una señal», añade.

Angel Rivas, ganadero de Maceda, señala que el pasado miércoles «un jabalí desfixo toda a miña finca» y uno de sus terneros fue devorado por un lobo hace menos de 15 días. También tiene cámaras de seguridad para salir a proteger el rebaño una vez que detecta la presencia de lobos, pero manifiesta resignado que «tanto o lobo o como jabalí teñen que comer». «Vin pola cámara de seguridade ata cinco lobos merodeando pola zona», manifiesta Ángel. «As axudas que nos dan, uns 300 euros por becerro, non nos chegan, e moitas veces nin as dan», añade.

Adolfo Rodríguez tiene un rebaño de 300 cabras en Viana do Bolo y asegura que en los últimos meses ha tenido que lamentar la muerte de más de 30 de sus animales. «Hai moitísimos máis lobos agora que antes, na actualidade xa chegan ata o pobo», manifiesta. «Teño dous mastins que lle plantan cara pero non dan feito. A solución sería que botasen eses lobos en serras alonxadas dos núcleos habitados e lles deran de comer, porque é normal que teñan fame pero eu vivo desto», añade.

Serafín González afirma que solicitaron a la Xunta que se vedaran de caza, no sólo los cotos que se encuentran bastante quemados, si no también los cotos sin quemar para que sirvan de refugio para la fauna y se reactive la cadena alimenticia. «También pedimos que la Administración autonómica agilice al máximo el pago de los daños a los ganaderos afectados por el lobo», añade.

Noticia publicada en laregion.es

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