La mecánica es sencilla: crear un sendero olorosos usando para ello manjares para el zorro como despojos y mondongos de ovejas, cabras, corzos…

Por Carlos Vignau

zorros

1. El cebo

El más apropiado para la caza del zorro son los mondongos de oveja o cabra pero también de cerdos o vacas, dependiendo del tipo de ganadería presente en la zona y a cuya carroña estarán habituadas, aunque lo cierto es que cualquier despojo podría servirnos: por ejemplo, las vísceras de una res de caza mayor. Es aconsejable dejar la carnaza al raso algún día para potenciar el poder ‘atractivo’ de su aroma.

A la caída de la tarde será el momento apropiado para salir al campo y empezar a marcar los rastros. El menú debe estar bien atado de modo que lo único que desprenda sea su ‘delicada’ fragancia. Una especie de bolsa o recipiente de malla metálica lo suficientemente cerrada como para que no deje escapar su contenido podrá soportar el arrastre.

2. Los rastros

Existen dos formas de ‘dibujarlos’. La primera es a pie, como mandan los cánones. La idea es hacer uno o varios recorridos arrastrando el cebo con una cuerda y haciéndolos confluir en el puesto.

La otra opción, y la más rápida, es servirse del todoterreno, creando el rastro a lo largo de los caminos que serpentean por el coto sacando el cebo por la ventanilla y arrastrándolo hasta el lugar deseado. Es importante que, ya los realices con una técnica u otra, atraviesen las querencias y territorios de los zorros.

3. El puesto para aguardar al zorro

La elección del lugar donde sentarnos a esperar al zorro es crucial por varios motivos. Lo fundamental, como en otras muchas modalidades, es no airear hacia donde la presa debe aparecer, por razones obvias.

El puesto debe tener buena visibilidad, a ser posible permitiéndonos localizarle mucho antes de que llegue a nosotros, y con un campo de tiro que nos facilite poder apuntar con cierta tranquilidad en caso de que nos detecte al llegar y emprenda la fuga o sea necesario repetir el disparo.

Se puede crear un rastro simple y colocarnos de espera al final de éste o, mejor aún, crear varios desde otras direcciones que vengan a confluir frente a nuestro puesto. La idea es que el zorro llegue de forma sencilla a nosotros.

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