Seguro que en algún momento has pensado en organizar batidas de jabalí para tu cuadrilla. Te contamos cómo hacerlo para no fallar.

Por Antonio Cástor

batidas de jabalí

1. Escoge bien la mancha

Parece una obviedad, pero no es tan simple como parece si queremos que, además de ‘pasar el rato’, también lo haga algún cochino por los puestos. Por muy buena que fuese la batida de ‘la solana’ por estas fechas el año pasado, las temperaturas algo calurosas de octubre puede que compliquen la cosa. Cada mancha, aparte de que sea querenciosa o de que se pueda llenar de cochinos a base de comida, tiene su momento idóneo.

Lo normal es que el jabalí no se encame muy lejos de su fuente de alimento por cuestiones prácticas… y porque los animales no son tontos. Si disponen de ‘frutos de temporada’, deben estar cargados en esa zona. De todas formas, la mancha habla, y un buen conocedor tiene que saber, observando rastros, si está lista para cazar o no. Si se está cebando y lo toman, es el entorno del cebo el que debe marcar la fecha, no nosotros.

2. Da bien de comer a los cochinos

Se trata de batidas entre amigos y el cebado, si los jabalíes abundan y empiezan a comer como la orilla de un río, puede subirse un pico; pero es difícil que una cacería salga bien si no tenemos a los animales ‘apretados’ en un área concreta. Se debe cebar –habitualmente con maíz aunque se puede utilizar casi cualquier cosa– en una zona que minimice la posibilidad de que el jabalí coma y se acueste fuera de la mancha.

Para esto también es crucial que el grano se reparta por un comedero o dos muy amplios y bien esparcido por dos motivos: que pueda haber muchos jabalíes comiendo a la vez sin que ninguna piara o gran ejemplar monopolice el alimento o para que un cochino tarde lo máximo posible en saciarse y se lo tenga que trabajar. De este modo es muy probable que se le haga de día y, si viene desde lejos, decida encamarse donde nos interesa. Empieza con pocos kilos y sube la cantidad a demanda. La última semana, antes de las batidas de jabalí sé bastante generoso.

3. Cuelga el cartel de ‘no molestar’

En batidas de jabalí entre amigos, en cotos de menor y con gente no aficionada a la caza mayor es común que la mancha a batir no se respete y te la vacíen, a veces por ignorancia y otras con premeditación. Las zonas de encame y cebado deben ser un santuario las semanas previas, y la fecha y lugar darlos a conocer a la menor cantidad de gente y lo más tarde posible, sobre todo el lugar.

Durante el cebado, mantente en silencio y transita lo mínimo. Para conseguir este objetivo son muy útiles los cebaderos automáticos –como el de la imagen– que suministran el alimento por nosotros sin necesidad de que pisemos la mancha. Como decíamos, la cantidad de grano a administrar y los rastros frescos nos pueden dar una idea de lo que hay, pero cada vez se está poniendo más en boga controlar los cebos con cámaras de fototrampeo. Los vídeos nos dan una información infalible sobre la cantidad y calidad de los ejemplares que están entrando.   

4. Puestos seguros y postores expertos

Todos los componentes de la armada están en manos del postor. Él debe saber la posición de cada uno de sus puestos perfectamente. Si quieres poner más gente pon alguna traviesa extra para partir las piaras de jabalíes, pero comprueba que todas las posturas sean seguras. 

El postor debe dejar a cada uno de los cazadores en el lugar exacto y darle las indicaciones pertinentes. Después se quedará en el último puesto de la armada, porque lo demás huele a chanchullo que echa para atrás. Su deber es advertir a todos que no se muevan hasta que él vuelva a recogerlos, y así debe hacerlo, asegurándose de que todo su equipo está embarcado y a salvo una vez finalizada la cacería. El uso del chaleco reflectante puede ser o no obligatorio, pero salva vidas: es de esas pocas normas que tienen sentido de verdad en esto de la caza.

5. Diseña la estrategia para las batidas de jabalí

El organizador de batidas eficiente debe ser como un entrenador de fútbol: ha de conocer el deporte y las reglas a la perfección para poder guiar a los demás, concebir una estrategia estudiada y definida y saberla transmitir a su equipo. A pesar de tener las cosas claras el partido puede ir mal, pero si no hay estrategia, irá mal seguro.

Quien lidera debe dar indicaciones precisas a rehaleros, postores y cazadores para que luego no haya dudas en el campo. No por el hecho de tratarse de una batida para pasar un buen día con poco gasto ha de convertirse en algo anárquico; por motivos prácticos y de seguridad para todos los que participan, son necesarias una serie de normas.

6. Acierta con las rehalas

¿Cuántas? Como decía un amigo: nunca sobran en el monte, sólo en el bolsillo. Son cacerías entre amigos, por lo que su número dependerá de si hay que pagarles o vienen por amistad, gratis o a cambio de puestos para sus compromisos. Cuantas más, mejor. Deben estar bien dirigidas y saber por dónde andan y hacia dónde van. Un rehalero, en un monte cerrado que no conoce, si no tiene quién le guíe, puede acabar cazando en el coto de al lado o dando vueltas sin rumbo y dejando lo mejor de la mancha sin mover.

Lo ideal es que alguien del terreno los vaya guiando si no conocen el coto. La forma de soltar… puede variar. A mí me gusta recurrir a las rehalas encontradas para intentar que todo el mundo se divierta, pero es bueno dejarse aconsejar por perreros expertos que conozcan mejor el percal. 

7. Un sorteo limpio

¡Siempre! Por muy amigos que seamos a nadie le gusta colocarse en un puesto que no le inspira confianza y en el que le han puesto a dedo. Malo es pasarse uno horas en el asco de postura que le ha tocado en el sorteo, pero es peor si vemos a otros espabilados plantarse donde más les gusta. Es cierto que la gente que se moja, se molesta y organiza la jornada debería gozar de algún privilegio respecto a los demás, pero si usamos tales privilegios es posible que creemos mal ambiente entre el resto de participantes.

En el bar nadie rechista, pero luego te despellejan si no han visto cochinos. Peor aún es amañar un sorteo, marcar papelitos, guiñar ojillos y toda esa clase de malas artes que a un asistente avezado no le pasan por alto. Primero se sortean los cierres que deben empezar a salir, y luego las traviesas, que entran cuando la mancha está ‘hermética’.

8. Ten un plan B para dar con los cochinos

Es posible que haya que cambiar planes por distintos motivos. Un factor crucial que puede cambiar toda la planificación y estrategia es la dirección del viento, ya que lo normal es que los animales no rompan hacia donde están oliendo el peligro. Quizá sea conveniente cambiar algún puesto de los que airean y reforzar otra zona en la que sabemos que se van a vaciar todos los guarros, o soltar rehalas desde otro punto al previsto para intentar forzar a los cochinos a salir hacia los cazadores aunque su olfato les diga que no.

Si a última hora nos encontramos con que tenemos menos cazadores que puestos puede que debamos trastocarlo todo y hablar con los postores para mover posturas y achicar espacios por donde los animales puedan escapar. En definitiva, debemos ser previsores pero ser también capaces de improvisar, con criterio, eso sí, en la misma mañana si fuera necesario. 

9. Cumple con las normas

No toda la responsabilidad del éxito de la jornada debe recaer sobre el organizador. En última instancia, al margen de todas las parafernalias, están el cazador y su puesto. Cuando llegamos debemos situar a los vecinos de postura y avisarles de nuestra posición. Debemos prestar atención a las recomendaciones del postor y luego ser un observadores y estar atentos a las pistas que nos ofrece el campo para saber si hay o no cochinos.

Es muy posible que podamos localizar los pasos y que el lance se pueda prever, para aprovecharlo mejor. Permanece ojo avizor y con el oído presto porque no siempre hay ladra, y no te muevas del puesto hasta que vuelva el postor para recogerte. A la hora de disparar mantén una prudencia total: es mejor pecar de cautelosos que provocar una desgracia.

10. Sé paciente y solidario

Acaba la batida de jabalí. Cuando nos recoge el postor, y nunca antes, es el momento de ir a ver los cochinos abatidos, de pistear alguno si procede y de ayudar a los vecinos que hayan tenido fortuna a sacarlos al cargadero. Esto es más un detalle de educación que otra cosa, porque hay algunos convencidos de que lo del ‘matacuelga’ consiste en que los demás se deben buscar la vida.

Por supuesto, el postor no debe recoger a nadie hasta que los perros no lleguen a los remolques, máxime si se han visto jabalíes: los mejores suelen esperar a la calma para abandonar la mancha y es una pena que se salgan con la suya por unas prisas de última hora. Debemos esforzarnos por sacar todos los animales del monte y por que se vea el resultado en la junta. 

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