Así engañan los corzos a los cazadores: no te creas lo que ves…

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Valorar con exactitud un corzo en el campo es una tarea difícil por lo singular de su trofeo y las diferencias tan sutiles entre unos y otros. Así nos la juega este verdadero maestro del engaño.

Por Carlos Vignau

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Recuerda: las comparaciones entre corzos son odiosas

 Una de las confusiones más habituales a la que nos induce el corzo es cuando lo cotejamos con otro ejemplar que lo acompaña. En esa situación perdemos la referencia con otros animales o con las medidas estándar y nos limitamos a comparar ambos trofeos, cayendo casi siempre en un error claro de apreciación. Es un fallo típico de principio de temporada, durante los meses de abril y mayo, cuando los machos ni muy grandes ni muy pequeños deambulan sin territorio fijo de un monte a otro en busca de un cortijo donde afincarse.

Es normal en esta época que los machetes jóvenes soporten la presencia de otro de similares condiciones pastando junto a él sin pudor en cualquier trigo o cebada. Si estás cazando y te encuentras con esta escena, valora sólo al mayor ejemplar: es la única forma de adivinar, con cierto grado de fiabilidad, sus dimensiones reales. 

No te sugestiones

Es costumbre que tus compañeros de coto, los agricultores o los propios lugareños te cuenten qué corzos han visto en los últimos días, por dónde se mueven, su tamaño… En un altísimo porcentaje de las ocasiones se trata de una información tremendamente valiosa para ponernos sobre la pista de un gran trofeo, pero no siempre es así: son juicios de valor que pueden llevarnos a creer que aquel que sale en aquella esparceta es mayor de lo que es en realidad.

Si vas a esperar a un corzo ‘chivado’ no tengas prisa y acepta toda la información que te llegue de fuera, pero cógela con alfileres para no dejarte sugestionar por lo que te cuentan: seguramente te llevará a error a la hora de valorar tú mismo su trofeo.

Un corzo largo y ¿delgado?

Todo en la vida es cuestión de perspectiva, y la caza no va a ser menos. En muchas ocasiones valoramos el trofeo de un corzo en el campo teniendo en cuenta ciertas referencias: por ejemplo, la altura de la oreja o una comparación directa entre el diámetro del ojo y el de la roseta nos ayudan a conocer el tamaño aproximado de su cuerna.

Aun así, realizar un juicio acertado es tarea difícil –no estamos descubriendo nada con esta afirmación–, y más aún cuando se trata de este pequeño cérvido. Nos engañan, hay que asumirlo, aunque en ocasiones puede ser para bien…