Un jabalí que llega a viejo tiene dos cosas: colmillos y experiencia. Aprende algunas jugadas maestras que algunos aficionados a su caza han vivido en primera persona.


Redacción Cosas de Caza y Pesca

El escudero siempre va antes

El que ha pasado muchas horas bajo la luna sabe muy bien de qué va esto. Los machos viejos suelen ser solitarios excepto en época de celo. Pero es muy común que se dé una alianza solitario-escudero. Esto consiste en que el grande tolera la compañía de otro jabalí más joven e inexperto. De esta manera, cuando hay que cruzar un paso, bañarse o entrar a comer, el escudero pasa primero. El viejo observa escondido, y si no pasa nada, procede a la tarea cochinera.

Sin embargo, muchas veces se sirven de otros animales aunque no sean escuderos como el caso anterior. En los sembrados, primero suelen entrar a comer piaras o cervuno, y los macarenos aguardan pacientemente para cerciorarse de que no hay peligro.

En la montería también se da la situación de que suelen seguir los pasos de algún zorro. Por ello, los monteros saben aguardar pacientes si entra el raposo por su tiradero.

Conocen tu coche mejor que tú

Esta singular situación le ha ocurrido a más esperistas de lo que pensamos. Se vuelven locos hasta que descubren lo que realmente ocurre. Y es que el jabalí acaba relacionando el motor del coche con la marcha del cazador.

Muchos van de espera y no les entra ese pedazo de guarro que lleva sin fallar varios días en la cámara trampa. Una noche aguantan hasta la media noche y nada, pero al día siguiente ha entrado. A la siguiente esperan hasta bien entrada la madrugada, pero tampoco se presenta. A la siguiente noche se esperan hasta el amanecer y tampoco llega. ¡Qué locura!

Hasta que una noche van al puesto acompañados. A mitad del aguardo, el cómplice del cazador se levanta, arranca el coche y se marcha. Entonces llega la sorpresa: unos pasos lo delatan y ahí está el guarro de su vida.

De guardia en el encame

No es para nada disparatado que un jabalí viejo tenga el encame muy cerca del sembrado. En zonas tranquilas los animales no se alejan demasiado del agua y la comida.

Por esa razón es importante llegar al puesto en silencio. Si aparcamos el coche cerca, damos portazos o hablamos, es muy fácil que el atento macareno oiga al cazador y se marche a comer a otro lugar esa noche. También es aplicable en montería, ya que si se cerciora de dónde está colocado el montero, seguramente romperá por otro lugar.

Alarma con plumas

Esto es aplicable a cazador y presa. Y es que algunas aves son verdaderas alarmas del bosque. El arrendajo, el picapinos o la mirla avisan con un canto característico cuando algo se mueve en el monte.

El jabalí lo sabe, pero los aguardistas experimentados también. Incluso algunos pueden diferenciar si lo que viene bajando el cerro es una alimaña o un buen jabato. El oído se hace con el tiempo.

Te cogerá las vueltas

Para terminar, no se puede dejar de remarcar el potente olfato del jabalí. Todo cazador sabe que debe colocarse con el aire de cara, pero el guarro viejo da muchas vueltas antes de entrar. Es muy posible que coja nuestro rastro, de cuando llegamos para ponernos, y seamos delatados.

Pero con eso hay poco que hacer. No obstante se debe elegir una zona para entrar en la que pensemos que no vaya a tomar el jabalí. Intentar también evitar pisar el pasto mojado y la tierra húmeda, ya que en esa zona aguantará más nuestro olor.

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