Si buscas una raza de perro que esté a tu lado en cualquier jornada de caza y después, duerma plácidamente a los pies de tu cama, elige una de estas tres razas.

Por Carlos Vignau

perros de caza

Desde que tengo uso de razón, recuerdo mi vida rodeado de perros de caza. La pasión de mi padre por estos animales era tal, que muchas veces entraban más canes que personas en el salón de casa. La extendida teoría que dice que los perros que viven en una casa son más blandos que los que pasan las noches en las perreras parecía no importarle.

Recuerdo algunos bracos, varios teckels, un pointer, tres griffon korthals, una eléctrica epagneul bretón y por supuesto, labradores. Todos tenían un denominador común: eran locos de la caza. Sin embargo, su actitud una vez dentro de las cuatro paredes era muy diferente. Por eso, si quieres tener un perro que te acompañe a cazar y que al acabar se tumbe tranquilamente a los pies de tu sillón, lo mejor es que busques entre estas tres razas. Seguro que se te ocurren muchísimas más pero a mi estas son las que más me gustan:

Labrador Retriever

Como siempre se le ha conocido en mi casa, el perro de la ONCE. El pensamiento de mi padre era de una lógica aplastante: si vale para guiar con tranquilidad y acierto a los invidentes en una gran ciiudad, ¿cómo no se va a comportar bien en una casa? Y la verdad es que tenía razón.

De las decenas de perros labradores que hemos tenido ninguno ha dado problemas. Son canes calmados, tranquilos y nobles, capaces de mirar babeando una bandeja llena de filetes sin tan siquiera abrir la boca. Además, una vez que pisan el monte son verdaderas máquinas de cazar. Lo cobran todo, aguantan las aguas heladas y disfrutan con cada chapuzón.

El labrador es el compañero doméstico perfecto, un perro de anuncio. / Shutterstock.

Epagneul bretón

Cuando pienso en esta raza me viene a la cabeza la figura de un elegante cazador europeo. Son perros de caza finos y perfectamente armados. Su capacidad para cazar la menor con excelentes muestras y cobrar la pieza como el mejor de los retrievers les convirtió pronto en uno de los compañeros favoritos de los cazadores. Además, son ideales para tenerlos en casa.

Algo más inquietos que los labradores, puedes ‘vaciar su depósito’ con paseos largos donde pierda la bravura propia de la raza antes de echarse en su cesto. Cuando era pequeó me crié con una hembra llamada Tara. Era una perra tremendamente musculada y fibrosa que, a diferencia de sus hermanos de camada, se quedó muy pequeña. Su tamaño hizo que prácticamente pasara desapercibida en casa, siendo la compañera perfecta para iniciarme en mis primeras salidas con la escopeta al hombro.

Epagneul bretón, un verdadero todoterreno. / Shutterstock.

Teckel

Esta salchicha con pelo es mi favorito. En el monte son los perros más valientes que he visto. Esa valentía suele rozar la locura cuando olvidan sus escasos kilos de peso y se enfrentan a un gran jabalí como si de un dogo argentino se tratara. Chufla, Enzo, Drinka, Teba… En mi casa hemos tenido muchos y raro era el fin de semana que no desaparecía alguno con el rastro de una corza y regresaba horas o incluso días más tarde. Sin tener en cuenta este tipo de sustos provocados por su instinto cazador desmesurado, esta raza tiene el punto extra del tamaño.

Es un perro de caza de bolsillo, perfecto para una casa familiar. La relación con los niños es buenisima. De hecho, yo mismo dormí mi primer año de vida con una hembra dentro de mi cuna. Chufla fue un regalo de bodas que algún loco hizo a mis padres, por lo que ambos entramos en casa a la vez, era mi bigotuda hermana mayor.

Sin duda, el tamaño del teckel es el más apropiado para vivir en un piso. /Shutterstock.
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